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Aun después de muerta te siguen explotando. Lo primero que hace es romper tu identidad y convertirte en un objeto de uso y abuso. Empezando por tu cuerpo. Un cuerpo es un todo, pero sin embargo una puta sólo tiene boca, vagina y ano. Una puta no tiene clientes, porque no es un banco ni una tienda.

Los que van de putas son "prostituidores". Nuestros maridos, nuestros hermanos, nuestros jueces, nuestros políticos, nuestros sacerdotes… Todo tipo de hombres. Cuando eres puta, tu cuerpo no te pertenece, ni siquiera después de muerta". Sí, tengo un hijo de 21 años que nació años después de que dejara la prostitución. Cuando era puta lo que tuve fue cinco abortos. Pero trabajo para que esa rabia sea combustible para seguir peleando y pensando en la sociedad.

Esa rabia hace que yo no sea una mujer conformista. Y por eso lucho con todas mis fuerzas contra esa violencia que es la prostitución. Hay que educar a los niños contra la prostitución en los colegios, en primaria y en secundaria, en las universidades… Sólo así conseguiremos que los niños no se conviertan el día de mañana en prostituidores y que a las niñas no las conviertan en putas.

En primer lugar nuestros gobernantes. Una puta es el resultado de las políticas de quienes nos gobiernan. Si se cumpliera con el derecho a una vivienda, a la salud o a un trabajo, no habría prostitución.

Si una mujer tuviera esos derechos, no sería puta. Las agencias internacionales como el Banco Mundial que insisten en calificar a las putas como trabajadoras sexuales.

En la prostitución se dan todos los síntomas del campo de concentración: Si los varones dejaran de ir de putas, esto se acabaría. La prostitución no se elige con libertad. El proxenetismo y la trata de personas son delitos, y como tales deben perseguirse.

Siento rabia y dolor, pero no trato de intervenir sobre sus vidas. Bastante tienen ya las pobres con ser putas. Oath will also provide personalised ads to you on our partners' products. Learn More about our data uses and your choices. We want to provide you with the best experience on our products. Sometimes, we show you personalised ads by making educated guesses about your interests based on your activity on our sites and products.

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AFICIONADO LIBRE PEZONES Actualmente es terapeuta y sexóloga. Hay cosas que recién empiezo a recordar. Lo decías porque era necesario para preservar la ilusión, y evitaba que tuvieses que pensar cómo había terminado donde estaba a los 20 años. No solo las prostitutas se han Puba lesbos al carro del debate, sino que personas con lazos familiares o emocionales con el sector también han querido compartir sus experiencias: Protegido y seguro La seguridad es lo primero en Victoria Milan.

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Después de mucho sufrimiento, de esa terrible soledad, entendí lo que llevaba siendo por mucho tiempo… una prostituta. Que estaba ahí, soportando todo eso, año con año, por dinero.

Por ese estilo de vida que tiene un precio, y ese precio era mi vida entera. Aceptaba acostarme con él porque así podía seguir gastando sin sentir culpa.

Aceptaba salir a cenar y que me ignorara toda la noche con tal de que mis hijos siguieran teniendo todo lo que el dinero les podía comprar. Pero yo ya no sentía nada por él. Ya no lo amaba, ya no lo respetaba, ya no lo añoraba. Lo veía casi como un extraño. Un señor que aparecía en la casa de noche y decía ser mi marido.

Una especie de patrocinador con derechos especiales sobre mí. Así pasaron los años. Así, aceptando que mi matrimonio era un total fracaso pero no podía divorciarme. No podía porque me quedaría sin dinero. Vendía mi cuerpo, mi sonrisa, mi fidelidad, mi tiempo, a estos billetes que entraban y entraban para mantenerme tranquila. Porque yo no venía de una familia rica. Yo no tuve una infancia como la de mis hijos.

En mi casa siempre estuvimos escasos en todo. Siempre fuimos un poco pobres. Un poco sedientos de todo esto que ahora me sobraba. Hoy, a mis 60 años, sigo siendo esa prostituta. Sigo con el hombre que me hace inmensamente infeliz como mujer, que me engaña con otras, pero que compensa toda esa infelicidad con un buen pago.

Un muy buen pago que le da sentido a todo y a nada a la vez. Igual que esa prostituta que recogen en la calle. Esa que accede a hacer lo que el hombre quiera, con tal de recibir el fajo de pesos al finalizar la noche. Asqueada, con el cuerpo oliendo a violación, pero con la recompensa de tener para comer, para gastar.

Para darle a mis hijos lo que necesitan y lo que no. Llevo 30 años de mi vida vendiéndome. Todas las mañanas, todas las tardes y todas las noches. Porque una prostituta aprende a matar sus emociones con tal de recibir eso que necesita al final. Aprende a dejar de oler, de sentir, de ver. Se vuelve transparente, fría. Se muere por un par de horas. Pero a veces, a veces me doy cuenta, que lo que yo vivo es peor que lo que vive la prostituta que se para en la calle.

Peor que esa que regala toda su piel a un extraño. Lo que yo vivo es mucho peor. Porque ella se vende por un par de horas, pero al menos regresa a una vida que ama.

Regresa a un hombre que la quiere, tal vez. Yo, en cambio, soy prostituta las 24 horas del día. No tengo cómo escapar. No tengo a dónde llegar. Vivo ahí, en mi prostitución, día y noche. Sin tener ese otro mundo que me apasiona. Sin magia en la vida. Estoy muerta en vida por dinero. Por miedo a dejar de tener. Por miedo a que mis hijos dejen de tener. Por miedo a ser libre. Pensé, tal vez, que los años se congelarían en lo que yo me armaba de valor para empezar a trabajar.

Para romper con sus reglas de ama de casa, y hacerme de un patrimonio. Poder valerme por mí misma.